Un viejo perro cazador
salió al bosque con su amo.
En su juventud, el can, había sido
el más fiel y eficaz socio y amigo.

Esta vez no pudo atrapar a la presa
que a unos metros estaba reposando.
Aunque tomara al jabalí por la oreja
sus dientes flojos no pudieron sujetarlo.

El hombre miró al jabalí que escapaba
“¡Eres un tonto, un inútil!”
gritó al pobre perro cansado
y le dio un coscorrón.

“No me castigues, por favor...”
Dijo el perro a su amo.
“No puedo, aunque quiera,
ser como en mi juventud era.
En honor a todo lo que te he dado
recuerda con agradecimiento esos años
y no me desprecies por lo que ya no soy.”

El hombre sintió su falta en el corazón
y a su viejo perro le pidió perdón.
Ya no irían juntos de cacería
pero sus aventuras, con amor, recordarían.

Respeta a los ancianos, no los dejes de querer
lo que ofrecieron en su vida
siempre es digno de agradecer.

por Karina Sacerdote
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