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El
labrador enojado
tramaba una venganza.
Odiaba a la zorra, que libre,
algunos cultivos, a su paso, arruinaba.
Después de
muchos días,
al fin, el hombre la apresó.
Queriendo hacerle daño
con aceite la cola le mojó.
Acercó el fuego
al pelaje
y el rabo se encendió,
el dolor era tan grande
que gimiendo, la zorra, se escapó.
En su desesperación,
aturdida
corrió hacia los cultivos
y el fuego que llevaba encima
fue quemando los plantíos.
El hombre, entre llantos,
se arrepintió de su crueldad.
Vio los frutos destruidos
por causa de su maldad.
Esta historia
nos enseña
que hay que saber perdonar
porque todo el mal que hagamos
en nuestra contra volverá.
por Karina Sacerdote
karinasacerdote@revistaaxolotl.com.ar
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